In Memoriam

Eugenio Trías (Barcelona, 1942-2013) es, probablemente, por su singularidad en el actual panorama filosófico europeo, uno de los últimos exponentes de la tradición metafísica occidental porque en su filosofía del límite no sólo se ponen en conjunción todos los usos de la razón, a saber: el teórico (ontología y epistemología), el práctico (ética y política) y el simbólico (religión, arte y filosofía de la historia), sino que también interactúan todas las figuraciones de la definición de la verdad que concurren en esa novedosa propuesta filosófica:  la crítica de la razón, la sistemática del saber, la hermenéutica de las formas simbólicas y la narrativa de la historia del espíritu en sus diversas variaciones simbólicas y racionales.

No es de extrañar, por tanto, que se le concediese el prestigioso XIII Premio Internacional Friedrich Nietzsche en el 1995, el único otorgado hasta la fecha a un filósofo de lengua española, como reconocimiento a la coherencia y originalidad de su trayectoria filosófica, avalada por una extensa producción (más de cuarenta libros hasta esa fecha) en la que se unen el rigor conceptual y la voluntad de estilo.

Si tuviéramos que describir con unos pocos rasgos intelectuales la personalidad filosófica de Trías, éstos serían, sin duda alguna, como él mismo reconoció, la audacia templada por la prudencia. La audacia por su capacidad de proponer nuevos puntos de vista que desplacen inoperantes hábitos mentales y prejuicios. La prudencia por su diálogo ininterrumpido con la tradición, en cuya relación dialógica encuentra las evidencias históricas que validan la objetividad y la verdad de su propuesta filosófica.

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Imagen de Eugenio Trías tomada en su domicilio de Barcelona, procedente del programa “Pienso, luego existo” de La 2 TVE, emitido el 03.08.2011.

Conocí a Eugenio Trías en los cursos de doctorado que realizó en el bienio 2000-2002 en el Institut Universitari de Cultura  de la Universitat Pompeu Fabra. Hasta esa fecha, apenas había leído nada de este filósofo. Lo poco que sabía era por testimonios de amigos. A mi relación como alumno le siguió la de la amistad, desde que fui invitado a participar en el seminario privado que dirigía en su propio domicilio en Barcelona, desde el mes de septiembre de 2001. Esta relación llegó hasta el mes de mayo de 2011, cuando se celebró un ciclo de conferencias sobre su libro El pensament de Joan Maragall, que coordiné junto a Jaume Trabal, en el marco de las celebraciones del Any Maragall 2011.

En Ortega y en Zubiri había encontrado la idea que para acceder al mundo de la filosofía era necesario conocer la obra de un gran filósofo. El mismo Trías reconoce tener la misma idea en su autobiografía El árbol de la vida (2003), y en su caso optó por Platón por la profunda afinidad que encontró en su concepción de la filosofía, y en particular en la condición humana que se define en su alegoría de la caverna. Cuando comencé a leer a Trías por aquel entonces también sentí una jovial cercanía con mi manera de entender la filosofía y opté sin dudarlo por su compañía en mi particular proceso de formación y maduración intelectual hacia el saber filosófico como arte para la vida buena. Mi carácter libertario me llevó a reconocer mi identidad en su concepción del sujeto fronterizo y el sentido de mi existencia en las variaciones del ser del límite.

No obstante, mi particular proceder iconoclasta me impidió integrarme en su círculo filosófico con adhesión discipular. Y también, por qué omitirlo, por algunos de sus juicios y actuaciones personales de carácter arbitrario. Pero aprendí mucho de él, sobre todo las virtudes intelectuales, y considero que fue un genuino educador. Además fue el único filósofo que hasta la fecha he conocido y tratado, y uno de los pocos que pueda calificar como tal. En verdad no sé de ninguna otra figura intelectual coetánea de la filosofía hispánica, con la excepción de Gustavo Bueno, que tenga un sistema filosófico propio.

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Imagen de Eugenio Trías tomada al finalizar uno de sus seminarios en su domicilio de Barcelona en el año 2011, acompañado de Miriam Tey y Félix Pardo.

La noticia del fallecimiento de Trías el 10 de febrero de 2013 me produjo gran pesar. Cuando al día siguiente fui al tanatorio de Les Corts para velar su cadáver, me entristeció que la creatividad filosófica de su prodigiosa mente finalizase por la falta de movimiento de su cuerpo. Quien le conoció en vida puede dar testimonio de la naturaleza fértil de su pensamiento, capaz de fecundar los espíritus más secos. El reposo infinito de su cuerpo ha arrastrado también su mente a la quietud, la soledad y la negación del ser más allá de lo humano. Pero los que experimentamos sus ideas seminales y la eficiencia de su creación filosófica no podemos hacer más absurda, si cabe, su muerte con nuestro silencio. En nuestra memoria podemos actualizar su vida y en nuestra palabra podemos celebrar su pensamiento. Yo quiero hacerlo. Sirva pues este blog no sólo como mi modesto homenaje al maestro y al amigo, sino sobre todo como un intento de vencer su muerte con mi vida de entendimiento en torno a sus ideas. De ahí su título: “Mi Eugenio Trías”

Por lo que respecta al subtítulo del presente blog, “Algunas calas en los escritos del filósofo de la sombra y el  límite”, utilizo la expresión “cala” en su acepción marina, como aquel pasaje de mar, distante de la costa, propio para pescar con anzuelo. Para leer comprensivamente los escritos de Trías, al menos para un lector medio como el que escribe estas líneas, se precisa tirar el ancla de vez en cuando, para reposar la cabeza y contemplar el horizonte del que venimos y al que nos dirigimos sobre el mar de fondo de sus ideas. Ahora bien, no se trata de tirar el ancla como si se tirase la toalla vencidos por los golpes de mar. Hay que esperar a aquellos pasajes que nos despiertan los más vivos sentimientos y los más profundos pensamientos, y que nos convierten en pescadores de anhelos para el conocimiento y reconocimiento de lo que somos.

2 Respuestas a “In Memoriam

  1. Ester Astudillo

    Querido Félix,
    Muchas felicidades por este doloroso y arduo parto.
    Así sea: sirva el recuerdo de paliativo de la pérdida.
    Ester;)

  2. Faustino34

    Ojo a este gran pensador, que dará mucho que hablar en los próximos años.

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